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Nos quedaremos sin petróleo

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Artículos Una pluma periodística más que se suma al espinoso ámbito del tema de la energía. Ahora se trata del columnista Enrique Quintana, que con bastante acierto, advierte sobre el agotamiento de la capacidad de producción mundial, los cálculos de King Hubbert y el fin de la era del petróleo barato. El artículo “Nos quedaremos sin petróleo”, fue publicada el día 3 de enero de 2006, en el Diario Reforma, que cuenta con amplia cobertura en México, y lo curioso, es que apareció en la sección de negocios. No cabe duda que el tema del agotamiento del petróleo está tomando espacios, poco a poco en la opinión pública. Enrique Quitana, Diario Reforma:

¿Se imagina cómo sería el mundo de hoy si no usáramos los hidrocarburos como la principal fuente de energía?

Más vale que vayamos imaginando cómo será el mundo del futuro sin petróleo y sin gas por que es un hecho que se van acabar alguna vez… quizá mas pronto de lo que la mayoría cree. Es probable que no se acabe por completo, pero el uso que tendrán ya no será como al principal fuente energética.

Hoy, a nadie se le ocurriría poner sus muebles en la chimenea para alimentar el fuego y sin embargo hubo una época en la cual la madera la principal fuente energética de todo el planeta. Así, quizá los hidrocarburos se utilicen como materia prima para la industria química, pero ya no como algo para ser quemado en cualquiera de sus formas.

El Doctor David Goodstein es vicerrector en el Instituto de Tecnología de California y publico en febrero del año pasado un interesante trabajo que se llama “Out of Gas” y lleva un subtítulo que se puede traducir como “El fin de la era del Petróleo”. El libro alude a la llamada “Constante de Hubbert”. El principio implicado en esta constante fue desarrollado en 1950 por el geólogo petrolero de la Shell, M. King Hubbert.

Su predicción indicaba que la producción del petróleo de Estados Unidos llegaría a un pico de 9 millones de barriles por día en 1970 y desde entonces empezaría a declinar. La profecía se cumplió. Según datos oficiales, el máximo nivel en la producción se alcanzó en 1970 con un promedio de 9 millones 640 mil barriles por día. Desde entonces a tenido una declinación más o menos constante, al punto que en los últimos datos anuales completos, correspondientes al 2004, señalan un nivel de 5 millones 430 mil barriles producidos cada día, 44% menos que el punto máximo.

La base de los cálculos de Hubbert partía de la capacidad para proyectar un ritmo decreciente en la taza de descubrimiento de nuevos campos, pero en un contexto en el que el consumo no drececía de manera inmediata a nivel mundial. Sin embargo, el geólogo también señaló que, al final de cuentas, el consumo seguiría la tendencia de la curva de descubrimiento con un rezago aproximado de dos décadas, en las que llegaría también al tope de consumo.

A escala mundial se producen alrededor de 80 millones de barriles por día y existe un debate muy amplio acerca del momento en el que habrá de llegarse al pico de producción. El consenso, sin embargo, es que será en la primera mitad de este siglo. Los más audaces señalan que será en el 2021 cuando se llegue a nivel e producción de poco más de 130 millones de barriles por día.

Los más conservadores señalan que sería cerca de la mitad del siglo, con niveles de producción de 180 millones de barriles por día. Al margen de las fechas precisas, lo que es un hecho es que la producción declinará en algún momento y luego también lo hará el consumo. En cualquier escenario nos quedan muy pocas décadas, quizá dos o tres para preparar una transición energética completa.
Goodstein agrega al tema del inevitable fin del petróleo otros aspectos que pueden precipitar la transición: la contaminación derivada de la combustión de los hidrocarburos. En la medida en que las próximas décadas se queme mucho más petróleo o gas que en el pasado, se puede acentuar el “efecto invernadero” sobre nuestra atmósfera con implicaciones en las que los científicos no se han puesto de acuerdo.

Los más tremendistas predican una catástrofe derivada del calentamiento global, similar al de la película “El día después de mañana”, pero muchos que no llegan a ese extremo ven implicaciones en el ciclo climático de la tierra en el largo plazo, que aun no se saben con claridad cual podrían ser. Estas implicaciones en el medio ambiente podrían propiciar que la transición energética fuera más rápido.

De acuerdo con Goodstein la única opción energética masiva que se vislumbra en los plazos requeridos es la fusión nuclear. En largo plazo, por lo menos existen como opciones tecnológicas que podrían cristalizarse en las siguientes décadas, la fusión nuclear y la energía solar captada a través de estaciones orbitales de gran tamaño.

En ambos casos existen todavía desafíos tecnológicos de gran escala que necesitan ser resueltos. La implicación de esta perspectiva es que es probable, que más allá que las fluctuaciones, los precios del petróleo y gas se mantengan altos.

Para México eso tiene dos significados. Es buena noticia para la finanzas públicas y es muy mala para la industria y los consumidores, pues la era de energía cara a la que ya entramos no se va a terminar cuando pase el frío o cuando Iraq vuelva abastecer el mercado. Más nos vale hacer planes con la perspectiva de que esta era apenas esta comenzando.