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Entrevista a Mariano Marzo

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Artículos El catedrático de la Universidad de Barcelona Mariano Marzo ha sido entrevistado en la web Sostenible, la revista online de la "red de ciudades y pueblos hacia la sostenibilidad", una agrupación de más de 200 municipios, principalmente de la provincia de Barcelona. Dicha web y la entrevista están en el idioma catalán, pero para facilitar su difusión, les ofrecemos una traducción al castellano desde Crisis Energética: No podremos liberarnos de los combustibles fósiles antes del 2030
11/01/2006
Albert Punsola

Mariano Marzo es catedrático de estratigrafía a la Facultad de Geología de la Universitat de Barcelona, dónde imparte clases de Geología del Petróleo y Recursos. Sus investigaciones se han centrado en los métodos y técnicas de análisis de yacimientos para la exploración de hidrocarburos. Ha participado en proyectos financiados por las más importantes compañías de petróleo del mundo y ha trabajado sobre el terreno en lugares como el Mar del Norte, América del Sur, el Magreb y Oriente Próximo. Es autor de 15 libros, así como de numerosos estudios y artículos científicos en publicaciones de prestigio del ámbito geológico como Basen Research o Geology. En un nivel de divulgación más amplio, ha contribuido a la formación de la opinión pública con artículos en la prensa de información general. En esta entrevista Mariano Marzo habla claramente del presente y futuro del petróleo y de todo el que comportará su declive como motor del sistema mundial a lo largo del siglo XXI.

Oímos con insistencia que el petróleo se acaba. Qué piensa de esta afirmación?

Probablemente no se acabará por la manera en qué se encuentra en el subsuelo. Para entendernos, no tenemos bolsas de petróleo, sino espacios microscópicos entre las rocas dónde está el crudo, de forma parecida a como el café impregna el azúcar. De un yacimiento sólo somos capaces de extraer un 30 o un 40% de todo el que hay, por esta particular disposición que explicaba y, cuando menos queda, más grande es su viscosidad, fluye con más dificultad y la calidad es peor. Se puede afirmar que habrá petróleo por mucho tiempo, desde el punto de vista de su existencia en el subsuelo, pero esto es irrelevante para la humanidad. Lo importante es si lo tendremos disponible de forma suficiente y entonces la respuesta debe ser que no, en mayúsculas.

Lo que nos debe preocupar es lo que se denomina el cenit de producción, que yo prefiero denominar cenit de extracción, el punto álgido a partir del que la cantidad de petróleo obtenida irá bajando irremisiblemente.

¿Cuando llegará este momento?

A los Estados Unidos ya llegó alrededor de 1970, por eso se han convertido en uno los granos importadores. A nivel mundial hay varias hipótesis sobre cuando se producirá este hecho. Los autores no están de acuerdo: unos hablan de ahora mismo y otras de los años que van del 2030 al 2050. Sea cómo sea, hay una variable que es la demanda mundial de energía que sigue una curva ascendente, que nos es imposible de allanar. Por lo tanto, cuando la producción de petróleo empiece a caer en picado, habrá una curva descendente de oferta de crudo y esta tendencia, si no se producen cambios, traerá a una disociación entre oferta y demanda cada vez más grande, que causará problemas económicos, sociales, políticos y también militares.

¿Sería posible, si no allanar, al menos moderar la curva ascendente de la demanda de petróleo?

Es muy difícil. El crecimiento de la economía mundial se sostiene en el petróleo. Vivimos en la economía del hidrocarburo. Si esto se toca substancialmente, se hunde el paradigma económico y, por esta razón, nadie se atreve a hacerlo. El petróleo es la fuente de energía más versátil y barata; ninguna otra fuente puede competir con él a estas alturas pero, más allá de la energía, el petróleo también es básico en la agricultura -mecanización, pesticidas- la química orgánica, la industria farmacéutica. El petróleo está presente en más de 3.000 productos de la vida cotidiana: las gafas, los discos compactos, los teléfonos, la pasta de dientes, la tinta, los tejidos, las tarjetas de crédito, los pañales, las válvulas cardíacas, el asfalto, los neumáticos... ¡Es nuestro mundo!

Además está el transporte...

Otro pilar de la economía mundial y un factor clave en la cuestión que nos ocupa. El 90% del petróleo lo quemamos como combustible. Se están implantando alternativas en el transporte terrestre pero no hay de momento para el transporte aéreo. La demanda de los combustibles fósiles no para de crecer. Los países ricos decimos que somos más eficientes pero, a escala global sirve de poco: estamos dejando el gran consumo de combustibles fósiles a las economías emergentes. El parque automovilístico asiático aumentará durante el próximo decenio a razón de 5 millones de vehículos por año. Esto representa un 40% del crecimiento del parque mundial.

¿Qué perspectivas de cambio hay en esta asociación transporte-petróleo?

La Agencia Internacional de la Energía no prevé que ningún combustible alternativo pueda ocupar el lugar del petróleo y sus derivados al menos hasta el 2030. Tampoco contempla que las nuevas tecnologías -vehículos híbridos, hidrógeno- puedan compensar el aumento de la demanda de petróleo. Además, la globalización se está desarrollando como si no hubiera ningún problema energético: a más intercambios, más transporte.

¿Qué soluciones ve a todo este panorama tan preocupante?

Hace falta empezar a entender de una vez por todas que no podemos crecer indefinidamente. Buscar alternativas al petróleo es sólo una parte de la solución pero no tendrá ningún efecto si no conseguimos modificar el paradigma del crecimiento continuado que todo el mundo tiene asumido hoy en día como intocable. Al acabar algunas conferencias que he pronunciado, algunos políticos se han dirigido hacia mi confesándome que preferirían no haber escuchado lo que había dicho. El problema es que hace falta tomar ahora mismo una serie de decisiones para gestionar el medio y largo plazo, pero las elecciones son cada cuatro años y decir según qué -cómo por ejemplo que hace falta frenar el crecimiento- significa perder las elecciones. Imagínese que, en los próximos comicios catalanes, las fuerzas políticas dijeran 'Catalunya debe crecer menos' cuando el objetivo de los políticos es hacer énfasis en todo el contrario. Y no sólo decir esto sino también que la reducción del crecimiento tendrá repercusiones inmediatas en la vida de todos y cada uno de nosotros. No es tan fácil.

Pero si sigue aumentando, como todo apunta que pasará, la disociación entre demanda de petróleo y su oferta, debemos concluir que las acciones estratégicas son inaplazables.

Sí, claro. Se lo diré gráficamente. Estamos viviendo de las joyas de la abuela. Y a sabiendas de esto, por el momento seguimos gestionando las joyas. La actividad exploratoria de yacimientos es muy intensa, en cambio encontrar nuevos es cada vez más difícil. Lo que vamos descubriendo es decepcionante: yacimientos cada vez más pequeños y de peor calidad. Los costes de prospección y de extracción se están disparando porque se debe trabajar en regiones remotas y hostiles como el Ártico, dónde mantener los equipos es complicado. Las refinerías deben transformar materia prima que cada vez es de peor calidad y esto requiere adaptación en los procesos de producción y por lo tanto nuevas inversiones.

¿Y cual es la posición de las multinacionales?

Volvo, por ejemplo, ya ha reconocido el cenit de extracción y habla abiertamente en su publicidad. Por lo que respecta específicamente a las petroleras, todas las grandes compañías han iniciado la diversificación hacia las renovables -significativamente BP es ya Beyond Petroleum-... Bien, todas menos Exxon, y en menor medida Chevron Texaco, no por casualidad las dos norteamericanas.

La transición energética nos sacará de este mal paso dónde nos encontramos?

La transición energética es hoy por hoy lo que los anglosajones dicen, con una expresión muy justa, wishful thinking. No basta con la voluntad, hace falta desarrollar la capacidad efectiva para llevarla a cabo. Tengo la impresión de que nos encontramos en el estadio de pensar que la creatividad humana ya nos sacará del mal paso. Es un optimismo muy americano. Por el momento, los desarrollos que se han hecho no han conseguido bajar el consumo de combustibles fósiles; no es sólo una cuestión técnica sino también económica.

Aun así, esta transición es la única salida.

La transición energética se deberá producir indiscutiblemente, como así ha sido a lo largo del tiempo. Pero si analizamos a escala histórica, veremos que estos procesos traen siglos. No podemos pensar en términos de años o decenios para tenerlo todo resuelto. Lo que no implica que no debamos trabajar ya desde este momento en la línea de un nuevo paradigma, científicamente, económicamente y culturalmente. Además nos interesa para luchar contra el cambio climático, si bien incluso en Kioto y con la aplicación de los criterios de eficiencia energética y reducción de la movilidad, las emisiones de CO2 seguirán creciendo. Siempre digo que Kioto es un paso adelante pero -dado el paradigma vigente- ¡en una cinta transportadora que va en la dirección contraria!

Entonces qué hace falta hacer?

Desarrollar tecnologías revolucionarias en todo el sentido de la palabra. Estoy hablando por ejemplo del secuestro de CO2 durante su emisión para inyectarlo al subsuelo, una aplicación que tendría incidencia en el campo industrial. O, yendo más allá, de una nueva generación de reactores nucleares y de energías renovables. En función de esta evolución tecnológica podemos pensar en liberarnos de los combustibles fósiles pero es poco probable que esto pase a corto plazo y vuelvo a citar la fecha del 2030. Porque para que todas estas nuevas tecnologías sean competitivas, los consumidores habrán de estar dispuestos a pagar todos los costes de la energía, incluyendo los de la búsqueda y los ambientales.

Mientras esto no pase el petróleo seguirá siendo el protagonista. En función de este hecho, ¿qué escenario geopolítico prevé por este siglo? Los lugares que más petróleo consumen son cada vez más dependientes del exterior. La denominada elipse estratégica, que incluye Oriente Próximo, la Península Arábiga, Irán, Irak y Asia Central, contiene el 70% de las reservas mundiales de crudo. Los grandes países consumidores, así como las multinacionales no tienen capacidad para acabar con la dependencia de esta región del mundo y así se explica la guerra de Irak, las forzadas buenas relaciones de Occidente con Arabia Saudí, los Emiratos o la tensión en Irán. Hay dos posibilidades de acción: la financiera -a través de la relación empresarial y comercial en un marco de paz- o la militar, que no hace falta descartar. El frente pacífico puede derivar en tensión cuando un cambio de régimen decide establecer nuevas reglas de juego en su territorio, como es el caso de Chaves en Venezuela. Pero no hay duda que la potencia hegemónica, y por extensión sus aliados, actuarán en el frente que haga falta por conseguir el petróleo: golpes de estado, ocupaciones, etc. Hace falta tener en cuenta que nos bebemos 84 millones de barriles al día. Si mis cálculos no fallan, ¡esto se acerca a 1.000 barriles por segundo!

Con paz o con guerra, de petróleo habrá menos.

Se pueden garantizar periodos de suministro más o menos continuado pero, si pensamos más allá de las coyunturas, hemos entrado en el final de la era del petróleo abundante y barato. Y la economía del petróleo, la que tenemos, no podrá dejar de acusar esta tendencia.