Bienvenido(a) a Crisis Energética miércoles, 11 diciembre 2019 @ 10:11 CET

El gobierno español reconoce el cenit del petróleo (a medias)

  • Autor:
  • Lecturas 6.713
Artículos El Secretario de Estado de Universidades e Investigación, organismo dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia español, Salvador Ordóñez, acaba de declarar textualmente, en el diario El País, bajo el título “El final del petróleo barato” (que copia el trabajo que Colin Campbell y Jean Laherrére publicaron en 1997 en Investigación y Ciencia: "el fin del petróleo barato”): “Estamos en la segunda mitad de la era del petróleo, ante el final de los tiempos del crudo abundante y barato”, copiando literalmente otra expresión típica de Colin Campbell y de ASPO (The Second Half of the Oil Era), que es una forma implícita de admitir que la producción y el consumo de petróleo siguen una curva, más o menos simétrica, en forma de campana y que, llegados a la mitad de ella, aproximadamente en el punto más alto, toca sólo la bajada; una segunda mitad de una realidad dura. Dado el evidente interés público de la declaración, reproducimos debidamente el texto completo del artículo "Las armas de la investigación española", comentado entre líneas y en cursiva, pues el título no puede dejar indiferente a Crisis Energética.

INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS

REPORTAJE: EL INAPLAZABLE RETO DEL 'MADE IN SPAIN' / y 3

Las armas de la investigación española

Defensa sostiene que la I+D militar moviliza cientos de empresas y es rentable. Otros expertos apuestan por organizar parques científicos dotados de buenos medios

Puesto que la competencia internacional es enorme y los recursos de un país medio como España serán siempre limitados, el 'gran salto adelante' tendrá que concentrar sus esfuerzos allí donde la inversión pueda resultar más fructífera. La escasez de recursos alimenta desde hace años la polémica sobre el destino del dinero dedicado a la investigación militar.

JOSÉ LUIS BARBERÍA

EL PAÍS - España - 19-10-2005

Con 315 millones de euros anuales de presupuesto específico y 1.000 millones más como anticipo de financiación de proyectos industriales, la I+D militar se lleva una cuarta parte de la inversión y, por supuesto, ése es un dinero que se detrae íntegramente del erario público. En la comunidad científica está bastante asentada la idea de que las partidas destinadas a la investigación militar se utilizan, en realidad, para financiar la compra de armamento, por lo que no deberían ser contabilizadas como inversión en I+D. Este reproche figura en el informe que los científicos de Cosce han presentado al Gobierno. En el fondo, parece anidar también la creencia de que la investigación militar es a la investigación lo que la música militar a la música.

CE: Un punto para “la comunidad científica que se lamenta de que la investigación militar se lleve la cuarta parte del dinero de la investigación española, por mucho que el resto del artículo esté trufado de intervenciones justificativas del secretario de Estado de Defensa, con los consabidos tópicos de lo bien que sienta a la sociedad civil (después) empezar por lo militar (antes)

"Hay muchos equívocos y prejuicios y poca información", adelanta el secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo. "El error de raíz es pretender disociar la investigación civil de la militar, levantar fronteras allí donde la convergencia tiene un efecto positivo, multiplicador. Pensemos en el radar, en Internet, en el GPS, en la telefonía móvil, en las comunicaciones vía satélite y en tantas otras cosas que nacieron asociadas a lo militar y que están hoy tan presentes en la sociedad civil". A su juicio, el modelo estadounidense de convergencia entre ambos ámbitos ha demostrado sobradamente su eficacia.

CE: Como no podía ser menos, el secretario de Estado de Defensa hace apología del modelo estadounidense en investigación militar, país que gasta en armamento más que todo el resto de los países del mundo juntos. Eso debe ser el paraíso para todo secretario de Defensa. En cuanto al grado de eficacia, habría que preguntarse si lo es que la mayor potencia militar del mundo siga empantanada en un país depauperado y hambreado por años de bloqueo, sin solución militar. Si eso es eficacia, que venga Dios y lo vea.

"Además", añade, "el concepto de Defensa ha cambiado sustancialmente a causa del terrorismo internacional. Los casos de Nueva York, Madrid y Londres han puesto de manifiesto que esas amenazas no se combaten con el poder disuasorio de los ejércitos convencionales. Eso significa que el Ejército tiene que aplicar el I+D al ámbito de la seguridad, que necesita desarrollar sistemas de detección y de defensa inmediata contra las armas NBQ (nucleares, biológicas, químicas), que necesitamos un control total del espacio aéreo y mejores sistemas de comunicación. Hay nuevos riesgos, nuevas necesidades y, por lo tanto, nuevas tecnologías", subraya.

CE: Dale a un tecnólogo un problema y verás como lo soluciona con mucha más técnica. Ahora va a resultar que al terrorismo se le combate mejor con más control del espacio aéreo, con aparatitos para medir con rapidez los escapes o ataques premeditados nucleares, biológicos o químicos. O con nuevos sistemas de comunicación, por si no fuesen bastante los que tenemos en esta aldea global de confusión de las lenguas. La técnica lo resuelve todo. A nadie se le ocurre decir que ha sido la técnica (militar, por supuesto) la que ha desarrollado las armas nucleares, bacteriológicas y químicas, la que nos ha llevado a este pantanal de proliferación. No. Según el secretario y las voces de lo políticamente correcto, no hay que renunciar a seguir produciéndolas a mansalva. Lo único que cabe hacer, al parecer, es que las hagamos sólo los “buenos” y que utilicemos toda la endiosada tecnología, para supervisar y controlar que “los malos” no utilicen los ingenios diabólicos con que nosotros (o nuestros aliados) contamos. ¡Faltaría más!

El secretario de Estado de Defensa admite, eso sí, que hay muy poco de investigación militar pura española. "En la mayor parte de los casos, lo que se hace es desarrollar sistemas de aplicación militar de la mano de las empresas especializadas. A la hora de las adquisiciones, siempre damos prioridad al mercado español, pero si hay que recurrir a empresas extranjeras, lo primero que exigimos es el compromiso de que nos transferirán su tecnología. Nosotros desarrollamos y acoplamos esa tecnología de acuerdo con nuestros objetivos, de forma que, finalmente, nos hagamos con la propiedad intelectual". Según Francisco Pardo, el grado de dependencia tecnológica militar española es similar a la que se produce en el ámbito propiamente civil.

CE: El secretario de Estado admite que lo que se está financiando como “investigación militar pura” (¿existirá la pureza en este ámbito?) es, en el fondo, simple desarrollo de tecnología y patentes extranjeras traídas a casa. Y finalmente, hace una discreta salida por el foro, alegando que el nivel de dependencia del extranjero, es similar al del ámbito civil. Una buena declaración de principios: es decir (sin querer decirlo), dependencia casi absoluta del exterior. El caso dramático del encargo de antivirales para proteger al 25% de la población española a una multinacional extranjera, de la que depende toda la población del planeta para evitar una mortandad que puede ascender a cientos de millones de personas, si se propaga, dice muchísimo de cómo se orienta la investigación en España. Dice mucho del lamentable nivel de investigación de este país y de la falta de investigaciones con sentido común y con criterios y orientación mínimamente sociales; con un CSIC que dispone de miles de privilegiados cerebros pensando en no se qué extraños satélites secretos y muy encriptados, radares tridimensionales, submarinos de andar por casa y demás parafernalias, mientras asiste impotente al frenado de una pandemia que puede afectar a millones de sus ciudadanos mañana mismo. Investigación de alta tecnología y bajas pasiones, alejada de los verdaderos problemas de los ciudadanos y enquistada en el cuerpo social, alimentándose de las subvenciones públicas para beneficiar a los grandes grupos privados. No es de extrañar que el secretario de Estado de Defensa ponga como ejemplo a EE.UU., donde toda una maravillosa parafernalia tecnológica militar, no ha sido capaz de atender con un mínimo de dignidad a cientos de miles de sus ciudadanos en Louisiana, para evitar que muriesen, muchos de ellos, de enfermedades tan poco sospechosas de ser inevitables, como la peste, el cólera o las simples diarreas. Altas tecnologías y bajos niveles de dedicación a lo básico. Apenas tres médicos en toda Nueva Orleáns, en los momentos inmediatamente posteriores a la tragedia. No falló la tecnología; fallaron los principios morales

.

Satélites militares al espacio

Un total de 1.500 personas trabajan en los seis centros tecnológicos de Defensa concentrados en el Instituto Tecnológico de La Marañosa (Madrid) y en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), también en Madrid. En estos grandes parques tecnológicos se encuentra el centro de análisis de armas químicas -"de lo mejorcito del mundo", según el secretario de Estado-; el Canal de Experiencia Hidráulica que investiga los temas relacionados con la flotabilidad de los buques, el Centro de Astrobiología, asociado a la NASA para la investigación de Marte, que dirige Juan Pérez Mercader; los centros de construcción y lanzamiento de satélites europeos -el último, en diciembre, el Nanosat-, y, por supuesto, las bases de desarrollo de tecnología de la información y de programas informáticos para las redes de Defensa, los sistemas secretos españoles de encriptación y comunicaciones, el mundo de los rayos infrarrojos y de la resistencia de materiales. "Ahora estamos investigando sobre los efectos de las ondas electromagnéticas en las personas", comenta Francisco Pardo. "Lo hacemos en Defensa porque los militares son los más expuestos a este tipo de emisiones pero, al igual que el 90% de lo que desarrollamos, también esto tiene un interés y una aplicación civil".

El secretario de Estado sostiene que el impulso del I+D militar es vital para el desarrollo de sectores industriales estratégicos españoles. "Más del 60% de las empresas que trabajan para Defensa son civiles y si esas empresas tienen hoy un alto nivel que les hace competitivas es, en buena medida, gracias a los encargos, a los retos tecnológicos planteados desde Defensa". Pone como ejemplo a las compañías Indra y CASA. La primera de esas empresas, que fabrica el innovador radar tridimensional, ha desarrollado los sistemas que gestionan la tercera parte del tráfico aéreo mundial.

"Si se quiere pesar en el mundo, hay que tener Defensa propia y para tener Defensa, hoy hace falta disponer de tecnología e industria propias, lo menos dependientes posibles", subraya. De ahí la importancia que Francisco Pardo otorga a la construcción de los submarinos S-80. "Por primera vez en su historia", dice, "España tiene la capacidad tecnológica suficiente para construir un submarino completo, desde los sistemas de radar hasta la planta de propulsión, pasando por los sonares y los sistemas de visión vía satélite. Esa tecnología y esa industria permitirá a Navantia, compañía de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), y a muchas otras empresas españolas participar en un terreno de I+D que, sin duda, les será sumamente provechoso de cara a futuros contratos".

CE: Este es uno de las claves del problema: la obsesión por pesar, la obsesión por tener y no por ser. Lo de eliminar la dependencia llevan años diciéndolo y los resultados son más bien decepcionantes. Ahora mismo, los intentos de vender fragatas y aviones C-295 al democráticamente elegido gobierno de Venezuela, se enfrentan al más que posible veto de los EE.UU. que tienen las claves de sensores y demás dispositivos claves de estos aparatos, a pesar de que no son para misiones agresivas, ni de sofisticada navegación, sino para simples misiones de patrullaje de fronteras y costas. ¿Es ese el nivel de independencia de que goza la defensa española?

Hacen falta rascacielos

Tres centenares de empresas españolas participan en el proyecto europeo Eurofighter y otras muchas lo hacen en los programas españoles de modernización de los helicópteros TIGRE. "Lo cierto es que España cuenta hoy con un sector aerodinámico y aeroespacial de importancia y una industria naval que va a salir muy reforzada", destaca Francisco Pardo.

Con el propósito de conseguir la plena autonomía en el terreno de las comunicaciones, Defensa va a adquirir un nuevo satélite militar para que complemente al X-TAR, ya en el espacio. "Ahora vamos a desarrollar un sistema de sensores en los fuselajes que posibilitarán detectar el grado de fatiga de los aviones y ahorrarnos la costosísima tarea de tener que desmontarlos enteramente".

CE: sería bueno que el secretario de Estado de Defensa explicase qué autonomía plena se puede conseguir en dispositivos tan sofisticados que van repletos de circuitos de un altísimo nivel de integración, con especificaciones militares que sólo se producen en un puñado estricto de fábricas estadounidenses o extranjeras. El título ya lo dice todo. Aquí de lo que se trata, es de sobresalir, aunque sea a base de hacer “rascacielos” tecnológicos y de investigación, y aunque ya vaya estando a la vista de todos que las envidiables estructuras de los rascacielos son los mayores atentados al sentido común urbanístico y de una fragilidad e inconsistencia tremebunda, como se ha visto con el lamentable asunto de las torres gemelas en Nueva York o en el incendio del edificio Windsor en Madrid. Pero no importa, aquí se trata de seguir construyendo a cualquier precio la torre de Babel y figurar en el Guiness de los récords de altura investigadora, aunque no sepamos bien para qué va a servir.

El secretario de Estado da cuenta, asimismo, de la investigación española sobre aviones no tripulados UAW dirigidos desde tierra que podrán ser utilizados como aviones de combate, pero que también podrán detectar bancos de peces y ser de gran utilidad en la lucha contra los incendios o en el rescate de personas. "España haría muy mal en no aprovechar el momento actual para dar también un gran salto tecnológico en el ámbito militar, entre otras cosas, porque la investigación militar es rentable", concluye.

CE: La mente ocupada en sofisticados aviones de combate no tripulados y para lavar las conciencias, también para detectar bancos de peces. Acto fallido del secretario de Estado, que probablemente no sabrá que lo único que sobran son detectores de bancos de peces, porque apenas quedan bancos y los peces están casi tan esquilmados como las personas, a las que estos aviones parecen destinados a “combatir”

En cualquier caso, para que la pirámide de la I+D gane en cuerpo y altura harán falta grandes infraestructuras y proyectos científico-tecnológicos que, de paso, permitan a España recuperar una parte más sustanciosa de lo que aporta a los fondos europeos destinados a las investigaciones de envergadura y calidad. El retroceso en el ámbito europeo es evidente: España ha pasado de coordinar el 7,3% de los proyectos del V PM (Plan Marco de la UE), al 5,8% en el VI PM. Hay una unanimidad general de que el sistema adolece de un exceso de fraccionamiento. "Tenemos una multiplicidad de centros tecnológicos, pero lo que nos interesa es crear rascacielos y ya se sabe que los rascacielos sólo se ven a partir del piso 30", señala Joan Guinovart.

Es una crítica que alcanza, asimismo, a las comunidades autónomas, cuya inversión en I+D supone ya la mitad del presupuesto público español. "Mientras, en el extranjero los grandes grupos y hasta los países se asocian para acometer conjuntamente proyectos gigantescos especializados, aquí cada comunidad se lo monta por su cuenta, todo el mundo pretende hacer de todo, cuando es evidente que no tenemos tamaño para replicar duplicidades", sostiene la presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), Cristina Garmendia. "Como ciudadana", dice, "me indigno, a veces, al ver cómo se malgastan mis impuestos en duplicidades que no sirven para nada. Debería haber coordinación y colaboración. Cataluña, por ejemplo, es la comunidad que tiene mayor capacidad de investigación clínica, pero le falta la tecnología que sí tienen algunas empresas vascas, interesadas, por lo demás, en participar en el campo de la Salud. Deberíamos poner en común las distintas apuestas, hacer que el Gobierno central lidere una política para toda España", dice la presidenta de Asebio.

"Efectivamente, es esencial integrar a las comunidades autónomas en una política común", admite el secretario de Estado para la Investigación, Salvador Ordóñez. Aunque algunas voces, caso del Gobierno vasco, reclaman la transferencia de investigación, el resto de las comunidades autónomas, incluida Cataluña, demandan más bien el reforzamiento de los centros que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tiene repartidos por casi toda España. "Si hay algo que no se puede transferir, es la investigación", indica el presidente de este organismo público, Carlos Martínez. Lo que los científicos asociados en Cosce sí reclaman es una mayor agilización administrativa de las estructuras centrales del CSIC, que consideran anquilosadas, así como "una descentralización importante" que, aclaran, no debe ser entendida desde el punto de vista geográfico, sino como la autonomía presupuestaria y de gestión a los distintos centros e institutos.

El presidente del CSIC recoge esa reclamación sin ocultar su escepticismo. "Una de las recomendaciones del grupo de expertos internacionales que nos evaluó hace unos años", dice, "fue, precisamente, que la dirección de nuestro organismo fuera todavía más potente".

En cualquier caso, en el seno de la comunidad científica existe el anhelo general de que los principales partidos políticos alcancen un amplio acuerdo, un pacto de Estado, que dé estabilidad a la política científica y evite, entre otras cosas, los frenazos y tirones presupuestarios que tantas incertidumbres y frustraciones provocan. "Es preferible una inversión de crecimiento moderado y sostenible durante 12 años que invertir mucho en cuatro años y luego abandonar esa inversión", sostienen.

CE: Hasta aquí llegan los rebotes de la estéril y distraccionista disputa sobre el Estatuto catalán. Los dirigentes científicos españoles quieren concentración de medios, más gigantismo. Objetivos grandilocuentes y ambiciosos. Esto es otra buena pista para ver por dónde van a ir las inversiones dedicadas a investigación en el futuro: a las gigantescas entelequias como el ITER y a las macroempresas en grandes megaproyectos o el funesto ejemplo de los miles de millones de euros por un lado y dólares por otro, alegremente soltados para la denominada "economía del hidrógeno", que invariablemente terminas en manos de multinacionales del automóvil o del tinglado del "business as usual". Aquí nada de dinero para ver o investigar cosas pedestres, como vacunas o antivirales. De eso ya se encargan los suizos. No. Aquí no se vende nada por menos de varios miles de millones de euros de salida. ITERs, grandes parques tecnológicos, etc. etc. Concentración, concentración y concentración, no se me despisten.

Desarrollo laboral y profesional

Puesto que la creación es una flor delicada, habrá que dar estabilidad y desarrollo laboral y profesional a los 60.000 nuevos investigadores y a los 900 talentos que se pretende incorporar antes del año 2010. Se trata de evitar que se repitan agravios como los que soportaron años atrás científicos españoles que aceptaron la oferta de volver a su país y se encontraron con que tenían que competir por una plaza de simple colaborador dotada con un sueldo que suponía la quinta parte de sus ingresos en el extranjero. Actualmente, los jóvenes investigadores españoles de la red pública ganan unos 30.000 euros al año, 20.000 menos que las figuras consolidadas de la ciencia española. "En EE UU, un buen profesor investigador gana entre 200.000 y 300.000 dólares al año", apunta Joan Guinovart.

CE: Otra visión economicista más sobre la investigación. Aquí se trata de medirse por gastos sobre PIB, sobre número de científicos por cada mil habitantes, por los ingresos extraordinarios de grandes investigadores que cobran mucho pero dan mucho más a las multinacionales para las que luego irán a parar sus productos, bien patentados y controlados en producción y en precio, aunque se queden en la nevera, mientras millones que no se los pueden pagar se mueran por falta de ellos. Aquí parece que se trata de que si los ricos muy ricos tienen X investigadores por cada 1.000 habitantes, nosotros tenemos que llegar ahí...porque así seremos ricos como ellos. Hay que meter en el mercado a 60.000 científicos, porque las estadísticas de los ricos así dicen que hay que hacer para ser ricos o vivir bien (ser “competitivos”, se dice ahora). No me pregunten qué van a hacer. Primero pónganlos ahí y luego ya veremos a quien van a beneficiar y para quien trabajarán como empleados ciegos por cuenta ajena y ya les dirán a qué líneas de investigación van a dedicar su tiempo libre. Nada de sentarse a pensar Quo Vadis? O ¿qué hacen mis chicos en ese laboratorio modificando los genes de las semillas y tocándole el trigémino a los ratoncitos, para que los ricos puedan volar a Houston y llegar a los 150 años sin arrugas, bien trasplantados y bañados en las madres de todas las células, mientas el 90% de la población del planeta cae como moscas por falta de vitamina A, B o cualquier otra del alfabeto?

Sin pretender equiparar la situación de la investigación científica en uno y otro país, el director del Parque Científico de Barcelona insiste en que la carrera científica debe resultar lo suficientemente atractiva como para interesar a los mejores cerebros. "Esto no tiene por qué ser necesariamente un sacerdocio, hay que darles también la posibilidad de hacer negocio, de hacerse ricos con un invento, creando su propia empresa", opina Carlos Martínez. "¿Cuánto vale una idea?", se pregunta Salvador Ordóñez, secretario de Estado para la Investigación.

CE: claro, claro, de eso estábamos hablando. Nada de sacerdocio, hombres de buena fe; esto no es un organismo caritativo. Aquí de lo que se trata es de hacerse con una pastita, si es posible. Nada de sacerdocio, y mucho menos de juramento hipocrático. Si viene la inundación de Nueva Orleans, pues nada, yo soy médico privado y me hice para hacerme rico con un invento y ahora me voy a quedar yo aquí a atender negros en los suburbios. ¡Faltaría más! Ahí está mi humvee, muy tecnológico él, para sacarme del atasco en la evacuación y aquí paz y después gloria. Esto no es una cuestión moral, por si no lo habían captado. Esto es un negocio. Yo no tengo por qué preguntarme para qué querrán esa variedad genética de trigo enano, con lo mal que se siega a mano, al tener la espiga corta. Si le va bien a las cosechadoras de la multinacional cliente de la multinacional para la que trabajo, el indiecito que las pille, que doble más el lomo con su hoz y que alimente con chocolate al burro, porque las estoy fabricando para que den mucho trigo y poca paja y no me pregunten por qué, que yo con los 200.000 dólares al año, ya tengo para el muy tecnológico televisor plano.

De hecho, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, Joan Massagué, considera que el auténtico secreto reside en invertir de forma sostenida en los propios investigadores, en los jóvenes situados en la treintena, bien formados y cargados de talento e ideas. Claro que para que ese talento llegue a eclosionar y producir descubrimientos hace falta disponer de los medios de un buen centro de investigación. Y como se está viendo en San Francisco, Seattle, Boston, San Diego, Baltimore, Cambridge, Seúl, Shanghai o Singapur, lo ideal es que esos cerebros y esos centros especializados se concentren en un entorno físico plagado de universidades, institutos monográficos, hospitales e industria propia que conformen una gran infraestructura tecnológica, implementen la comunicación e innovación científica e irradien un poderoso magnetismo exterior. Porque los cerebros llaman a los cerebros y la ciencia a la ciencia, sobre todo, cuando se trabaja en las fronteras del conocimiento, allí donde ninguna otra mente humana ha estado antes.

CE. Siguen las declaraciones economicistas. Se trata de “invertir” en investigadores, no de “formar” investigadores. Se trata, al parecer y sin ambages, de “contratar” jóvenes cargados de talento e ideas, no necesariamente, además y sobre todo, de principio o de moral. Ciencia llama a ciencia (que es como decir dinero llama a dinero). He ahí el secreto: crear valles de silicio, donde no se vean las lágrimas, conglomerados gigantescos, elefantiásicos, porque en este mundo moderno, si no tienes “masa crítica”, no eres nadie. Bien concentrados, si puede ser sin hacinarse. ¿Para qué? Aparte de para hacer dinero, a mi que me registren...

Las áreas más prometedoras

Se trata de crear grandes parques científicos que atraigan también a los centros de investigación de las empresas multinacionales. Disponer de buenas comunicaciones, servicios públicos y calidad de vida en un contexto urbano, dinámico, acogedor y cosmopolita. Son condiciones que sitúan al área metropolitana de Barcelona entre los aspirantes a cubrir el gran vacío existente en la Europa mediterránea, particularmente en el terreno de la biomedicina.

El proyecto Sincrotón (electrones circulando casi a la velocidad de la luz por un anillo de 266 metros), que va a construirse en la comarca del Vallés, cerca de Barcelona, ayudará a las empresas farmacéuticas y biotecnológicas españolas a pelear en igualdad de condiciones con sus homólogas europeas.

"Hay que apostar por la especialización y la concentración", sostiene Carlos Martínez. Además, en España hay terrenos de oportunidad con base y masa social investigadora en los que buscar la eficiencia, puntos de apoyo sobre los que articular el proyecto llamado a situar a nuestro país en el grupo de cabeza europeo. La nueva medicina de la biología molecular y las células madre es una de las áreas de oportunidad.

Es un campo de enorme futuro como lo prueba el hecho de que en Estados Unidos existían ya en 2003 un total de 1.830 empresas biotecnológicas que daban empleo a 172.000 trabajadores. Europa tiene más compañías de ese mismo sector, 1.973, pero únicamente 94.000 empleos, lo que da una idea de la diferencia de tamaño entre unas y otras.

En España, el centenar de empresas dedicadas exclusivamente a la biotecnología emplea a 1.571 personas y factura 296 millones de euros, pero existen otras 260 compañías que también trabajan en ese mismo sector. "Nuestro problema es que podemos morir lentamente sin haber cumplido nuestra mayoría de edad", indica el ex secretario general de Asebio, Francisco Bas, en una carta enviada al presidente del Gobierno.

CE: He aquí una y otra vez, el recurrente tema de la concentración, del gigantismo en la investigación y en el progreso tecnológico. Solo las grandes concentraciones, como Barcelona servirán. Sincrotrones, si puede ser más grandes que el acelerador del CERN entre Suiza y Francia, en el que han girado millones de partículas subatómicas, sin que los legos brutos sepamos para qué han servido tantos desvelos del gran profeta Carlo Rubbia, que anda ahora revendiendo aceleradores adosados a centrales nucleares de fisión para procesar torio y para eliminar los residuos de alta duración, producto de la combustión del uranio. Es la visión mercantilizada en estado puro de la investigación. “Esto tiene mucho futuro, porque da empleo a tantos miles de científicos y mantiene a tantos cientos de empresas”. Visión que es a la ciencia y a la humanidad como la visión de Florentino Perez al fútbol: nada. Aquí se trata del dios mercado. Se trata de derechos, de patentes, de negocio, de cifras de ventas. Todo se compra y vende. Se traspasan o se subrarriendan, se “fichan” futbolistas o investigadores. ¿Para qué? Usted no pregunte ¿es que no ve que hay mucha actividad?

El diseño de fármacos a la medida del genotipo del paciente hará que la investigación se concentre mucho en los hospitales, en un futuro inmediato. Y lo interesante es que en España buena parte de la producción científica en biomedicina y en ciencias de la salud se está ya desarrollando en los grandes centros hospitalarios, aunque la falta de incentivos dirija a muchos buenos investigadores hacia la vertiente puramente asistencial, que les aporta mejores retribuciones. La ventaja añadida es que España dispone de un buen sistema nacional de salud pública y cuenta en este terreno con numerosos científicos de talla.

Vinculada a la biología molecular, emerge igualmente el interés por la nanotecnología, la utilización de máquinas miniaturizadas, microscópicas, en organismos vivos capaces de transportar fármacos a las zonas afectadas y de resolver muy variadas disfunciones. El presidente del CSIC, Carlos Martínez, uno de los mayores especialistas en la materia, está convencido de que la nanotecnología es una de las claves del futuro.

Según los expertos, la ductilidad y agilidad de las pequeñas compañías biotecnológicas constituirá una ventaja frente a las multinacionales de los grandes laboratorios farmacéuticos. Este es un tren que España debería alcanzar. "La historia produce una determinada ciencia en un determinado momento y el asunto consiste en que estás ahí o no estás. En biomedicina y en nanobiología tenemos números porque los cimientos o están hechos o se están creando", indica Joan Guinovart.

CE: Esta es la realidad. La disociación, cada vez más grande, entre los que emplean su tiempo y sus recursos en hablar de nanotecnología, de fármacos personalizados a medida del genotipo, mientras en el resto del ancho y largo mundo, la gente se muere por falta de la vacuna de la poliomelitis, por la picadura del mosquito de la malaria, por hambre pura y dura, por falta de una aspirina simple para bajar una fiebre, o por falta de agua potable que beber. Ante esto, los investigadores de postín y los políticos en las potencias occidentales, entre las que se encuentra como incipiente aspirante España, no entienden cómo pueden aparecer miles, millones de espectros saltando las vallas, desesperados hacia nuestro confort. O piensan que hay dinero suficiente para detraerlo de otras partidas antes que de la investigación. Se engañan. No hay planeta que pueda resistir el empuje de una sociedad tan voraz como la que hemos construido en los países avanzados, presumiendo de adelanto. Solamente los ingentes niveles de gasto y de consumo de los 500 millones de privilegiados occidentales, que suponen el 80% de todos los recursos del planeta, ya tienen muy agotado la planeta Tierra. Si seguimos proponiendo este modelo de sociedad ultraconsumista, hedonista y de punta tecnológica absolutamente egoísta, o incluso aún peor, que se haga extensiva para todos, terminaremos de arruinar el planeta. Otro mundo es posible, pero con una mentalidad muy diferente a la que aquí se está viendo. Con esta mentalidad, el mundo no tiene arreglo.

El final del petróleo barato

Ahora que, como dice el secretario de Estado para la investigación, Salvador Ordóñez, "estamos en la segunda mitad de la era del petróleo, ante el final de los tiempos del crudo abundante y barato ( el subrayado es de Crisis Energética)", la investigación de las fuentes de energía alternativas se presenta como una necesidad acuciante, imperiosa. Dadas las características climáticas de nuestro país, la energía solar es otra área de oportunidad, un nicho tecnológico que España no puede desaprovechar. Dispone de la Plataforma Solar de Almería, una gran instalación que lleva 25 años experimentando con los sistemas que permiten utilizar la luz solar para crear energía eléctrica. El conocimiento y la experiencia acumulados en estos años han sentado las bases para que varias empresas hayan tomado la iniciativa de invertir 300 millones de euros en la creación de nuevas centrales solares termoeléctricas, un sector fuertemente expansivo en EE UU. El desarrollo de los parques eólicos es otra vía alternativa y complementaria que, como las plantas desalinizadoras en el caso del agua, vienen a responder a los problemas de dependencia y escasez.

CE: Muy interesante que el secretario de Estado de Universidades y de Investigación, del Ministerio de Educación y Ciencia español, haya tomado las expresiones habituales, aunque sin mencionarlas, de los científicos de ASPO. Es una forma indirecta, implícita, pero bastante evidente, de reconocer que hemos llegado o estamos llegando al cenit de la producción mundial de petróleo. Es bueno que político tan importante haya leído sobre el cenit. La mitad del trabajo parece estar hecho y reconocido. Lamentablemente, el político sigue la vía política y no se atreve a reconocer la importancia de este suceso para el conjunto de la Humanidad. Utiliza, hábilmente ,la difusa vía de escape de las energías alternativas y aprovecha que ese Pisuerga pasa por Valladolid, para pedir más investigación (suponemos que más dinero) como “necesidad acuciante e imperiosa” en fuentes de energía alternativas. Y realiza el gran despliegue de las plataformas solares de Almeria. Son las grandes centrales termoeléctricas, de espejos que concentran obre una torre, con un depósito que vaporiza un fluido y termina moviendo una turbina eléctrica. Centrales sólo posibles para grandes fortunas; en manos de grandes empresas y fuera del sueño de Hermann Scheer y sobre todo del Jeremy Rifkin de una energía solar futura, masiva y descentralizada. Adíos, descentralización, adiós. También abogan por las eólicas industriales (no cita lo de industriales, pero son las únicas que salen adelante; también para desmentir a Jeremy Rifkin). Pero se cuida el secretario, muy mucho, de realizar estudios mínimos (para eso no hacen falta científicos de 300.000 dólares al año) sobre los efectos que supone la previsible caída de la producción mundial de petróleo y del gas en la Segunda Mitad de la Era del Petróleo, de entre un 4 y un 6% anual y de las centrales termoeléctricas o generadores eólicos que se necesitarían para seguir manteniendo este exagerado nivel de consumo actual de occidente, mediante el reemplazo de unas por otras, Se cuida muy mucho de explicar que las renovables mencionadas, sólo producen electricidad y que ésta es sólo una parte, muy delicada, eso es cierto, pero apenas una pequeña parte del problema de la caída de la producción de combustibles fósiles, cuyo uso es NO ELÉCTRICO. Y de dar niveles y órdenes de magnitud, para que pudiésemos imaginarnos el territorio nacional y la superficie del planeta en 50 años a partir de ahora.

Como miembro de la Unión Europea, España participa en el gran proyecto de reactor experimental de fusión nuclear ITER que va a ser construido en Cadarache (Francia) con un presupuesto de 10.000 millones de euros y la participación de 3.000 científicos. Es un intento de reproducir los procesos de generación de energía que se dan en el sol y en las demás estrellas y si tiene éxito, la humanidad solucionará su problema energético, porque se trata de utilizar el hidrógeno como fuente de energía ilimitada. La aportación específica española es el conocimiento suministrado por el prerreactor de fusión nuclear TJ-II del Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat).

CE: Una más y van mil, seguimos hablando de científicos empleados y de “inversiones” realizadas y de lo que se nos va a quedar entre las manos. No hablamos de adónde queremos ir con este engendro, que sólo promete explotación comercial a 50 años, cuando hace 50 años prometía lo mismo. Esta es una prueba más, junto con el acelerador del CERN, del gigantismo que se ha apoderado de la investigación en occidente y de su sometimiento a los principios economicistas del crecimiento infinito.

La base de la Antártida, el Instituto Astrofísico de Canarias -que albergará al gran telescopio Grantecán-, el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, el centro de biología molecular (EMBO), el Buque Oceanográfico "Galicia"... constituyen parte de las grandes instalaciones a desarrollar.

Claro, que para que el made in Spain se incorpore a los logotipos de los países de vanguardia, para que el ingenio despunte y la ciencia aplicada brote con fuerza en España, hará falta que el nuevo período mágico que se anuncia no sea esta vez el sueño de verano de una legislatura.