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El decano de los analistas energéticos ve un futuro difícil

  • martes, 16 noviembre 2004 @ 12:17 CET
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Artículos A sus 71 años, Charles T. Maxwell es uno de los más respetados analistas de la industria del petróleo. Maxwell ha trabajado durante 12 años en compañías petrolíferas por todo el mundo, y ha sido nombrado durante varios años como el mejor analista del petróleo de Wall Street. En un artículo titulado The Gathering Storm publicado esta semana en el prestigioso semanario financiero estadounidense Barron’s, Maxwell describe su visión del panorama energético para los próximos 25 años. Las conclusiones de Maxwell están en sintonía con las que hace poco expresaba Matt Simmons, y podemos enmarcarlo en el lento pero imparable goteo de "opiniones autorizadas" que de un tiempo a esta parte se están abriendo paso en todo tipo de foros con el objetivo de hacer llegar un grave aviso al mundo entero: la crisis ya está aquí, y de no actuar a tiempo, las consecuencias serán catastróficas. Por su interés, se ha traducido el artículo, que se puede leer en inglés aquí. La tormenta que se aproxima

Por Charles T. Maxwell
Barron’s

Traducción de Daniel Gómez para Crisis Energética

Lunes, 15 de noviembre de 2004

El decano de los analistas energéticos ve un futuro difícil.

La crisis energética en la que nos encontramos hoy es totalmente diferente de los problemas temporales que experimentamos en 1973-74, 1979-86, 1990-91 y 2000. Entonces existían consideraciones políticas: algunas naciones podían y querían producir petróleo para nosotros, y otras no. Siempre hubo suficiente capacidad geológica mundial para producir barriles adicionales de crudo para satisfacer las necesidades del mundo.

Pero ya no. En la próxima gran crisis energética, esta capacidad será seguramente mermada. Así que la crisis tendrá un severo impacto, será global en su alcance y será difícil de resolver. Para decirlo claramente, no tendrá precedentes. Lo que emerja puede ser perfectamente un mundo reestructurado, así como una industria del petróleo también reestructurada.

En los próximos 25 años, una nueva economía energética mundial llegará en tres oleadas. Estamos cerca de la cima de la primera y más pequeña, una oleada de advertencia. La segunda y más poderosa oleada golpeará seguramente en el periodo 2009 – 2010, cuando el mundo fuera de la OPEP haya llegado a su máxima producción histórica de crudo, declinando consecuentemente para convertirnos en cada vez más dependientes de la OPEP para incrementar los barriles de producción. La oleada final debería llegar en torno al 2020, o antes, ya que incluso las grandes reservas de la OPEP están siendo extraídas al mayor ritmo posible. Después de esto, el volumen de petróleo debería ir hacia abajo y continuar cayendo, para nunca revivir.

Entonces, las compañías energéticas y los gobiernos empezarán finalmente a buscar nuevas fuentes de energía para sustituir al petróleo, y este asunto debería resultar la principal preocupación política y económica para el resto del siglo.

Una alteración económica internacional de esta magnitud creará conflictos potenciales entre naciones y competición civil dentro de las sociedades. Eso puede ser una prueba para nosotros y nuestros hijos, empeorada en los primeros años por nuestra falta de preparación y nuestra incapacidad de comprender lo que ya nos está pasando. Podemos perder una buena cantidad de tiempo perdido en recriminaciones mientras buscamos señalar a los culpables, los conspiradores y los demonios: las compañías petrolíferas, Wall Street, las compañías de automóviles, la OPEP, los árabes, los consumidores derrochadores de gasolina estadounidenses y demás.

Llegará un momento en el que tengamos que enfrentarnos a los verdaderos problemas. Son geológicos: los límites del suministro, y son humanos: nuestra tendencia hacia un mayor consumo.

Habrá quien anuncie que la raíz del problema es que nos estamos “quedando sin petróleo”. Esto no es una manera precisa de describir la situación. Nos estamos quedando sin la capacidad de producir un 2% más de barriles cada año para satisfacer una demanda mundial que aumenta un 2% anual. La pérdida potencial de un aumento de producción de barriles fuera de la OPEP tan pronto como en 2009-2010 pondría, además del control sobre los precios a los que los consumidores mundiales podrían comprarlo, la disponibilidad de barriles adicionales en manos de cinco naciones: Arabia Saudita, Irak, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos e Irán (bajo otras circunstancias, Venezuela podría ser un miembro adicional del club).

Dependiendo de la percepción de su propia fortaleza política y económica, esos países podrían decidir subir los precios del petróleo mucho más rápido que la tasa de inflación del dólar, iniciando así cambios económicos y sociales en el uso de la energía a nivel global.

Para el periodo 1987 – 2003, el rango histórico de los precios del petróleo fue aproximadamente de 10 a 40 $ por barril, con una media de 20$. Para el 2004 al 2010, el rango de precios podría estar entre los 30 y los 60$, con una media de 40$. Del 2011 al 2020, el rango podría estar entre 50 y 100$, con un precio medio del barril de 70$.

Unos precios así desatarían tanto la destrucción como la creatividad a través de la industria y las finanzas. Como ocurrió en 1970, el diseño de coches, camiones, barcos, aviones y trenes cambiaría, los edificios comerciales y las viviendas serían modificados; los procesos industriales y químicos y la mayoría de la maquinaria serían rediseñados para enfatizar el ahorro de combustible o los combustibles de sustitución; los impuestos serían totalmente reformados, con cambios en los incentivos y las penalizaciones. La planificación urbana y los patrones residenciales cambiarían. Los estándares de vida podrían descender un poco y se recuperarían con diferentes formas: habitaciones más frías en invierno más calientes en verano, poniéndose un jersey en vez de tocar el termostato, tomando duchas rápidas y comprando menos jacuzzis, usando menos iluminación, fuera y dentro de casa; esos son los cambios obvios que están por venir. Los europeos, que hace tiempo se forzaron a aceptar este estilo de vida imponiendo mayores impuestos energéticos, podrán al final recibir un retorno económico de su inversión, mientras los EE.UU. luchan por cambiar.

¿Puede todo esto ser a consecuencia de la falta de unos cuantos barriles de petróleo extra en el mundo fuera de la OPEP, y solo dentro de cinco o seis años? De hecho, puede producirse una crisis incluso antes si uno o dos productores importantes de la OPEP tuviese que detener su producción a causa de una emergencia política o militar.

Cerca del 40% del consumo de energía global está basado en el petróleo. Actualmente, estamos utilizando cerca del 98% de la capacidad de producción de petróleo mundial. El sistema debería considerarse estresado a un 95% de la capacidad. No estamos invirtiendo lo suficiente para aumentar de una manera consistente incrementos de capacidad que estén por encima del futuro nivel de crecimiento de la demanda.

Un mayor uso del gas natural podría ayudar, si hubiese suministros disponibles a un coste razonable. Pero en Norteamérica, los problemas de obtener gas son similares a los de obtener petróleo. La producción de gas en los Estados Unidos parece haber llegado a su cenit. Canadá puede producir un poco más, pero no lo suficiente para satisfacer sus propias necesidades, junto con las nuestras, durante la próxima década. A Europa le puede ir un poco mejor si cambia parte de su demanda de petróleo por gas, pero los nuevos suministros de gas tendrían que ser transportados largas distancias a través de gaseoductos desde Rusia, Turkmenistán, Irán, Algeria y cuatro o cinco países del Oriente Medio árabe o a través de barcos contenedores de gas natural licuado de Nigeria, Trinidad o el Golfo. Esos volúmenes de gas cada vez mayores no serán baratos, rápidos o exentos de riesgo político. Algunos grandes proyectos de producción de gas están empezando en China y en el sudeste asiático, pero la infraestructura para transportar este gas y distribuirlo a los mercados locales no está aún lista para usarse, y puede requerir bastantes años antes de que esté lista. Aún más crítico, el gas no puede sustituir al petróleo de manera fácil o barata como el principal combustible para el transporte. Así que en la próxima década, el gas natural solo podrá sustituir una parte del consumo de petróleo.

Nuestra habilidad para sustituir más carbón por petróleo está también circunscrita, ya que la tecnología para quemar carbón de manera limpia esta aún en desarrollo, y nuestras vastas reservas de carbón no pueden ser utilizadas sin cambiar la opinión pública o las consecuencias medioambientales o cambiar la tecnología para evitar los contaminantes. Eso se dobla en el caso de la energía nuclear. Usando muchos más de esos combustibles a corto plazo no es posible en ningún caso, dado que se tardarían muchos años para que las nuevas plantas y equipos estuviesen funcionando.

Si la sustitución no es inmediatamente disponible, ¿qué hay acerca de incrementar la producción más allá de las estimaciones convencionales? ¿Seguro que si los precios subiesen un poco, se podría poner en el mercado un nuevo y sustancial suministro? En muchos bienes, esto sería correcto. Pero no en el caso del petróleo. El gran geofísico M. King Hubbert (1903 – 1989), puso de manifiesto las razones a mediados de los años 50 cuando predijo que el cenit de la producción de petróleo estadounidense ocurriría a principios de los 70 (y, a pesar de un considerable escepticismo acerca de su predicción, acertó plenamente). Su teoría era que los exploradores del petróleo, cuando llegaban a una nueva cuenca petrolífera, siempre escogerían para las perforaciones los mayores y más accesibles yacimientos primero, porque eso maximizaría sus primeras ganancias. Esta selección se mantendría hasta más tarde, cuando hubiese que encontrar yacimientos más pequeños, más caros y más trabajosos, en los años maduros de la producción de una cuenca.

Además, observó que a medida que los yacimientos de petróleo llegaban al punto medio de la producción que habrían de dar, la producción llegaría a un máximo y empezaría a disminuir.

Los dos principios de Hubbert se pueden aplicar de manera práctica en los yacimientos de petróleo. La disminución de las reservas recuperables en los campos petrolíferos cuyos niveles de producción han pasado de su punto medio está causando hoy un declive en la producción de ciertas áreas de los Estados Unidos, Canadá, el Mar del Norte, Rusia, China, Arabia Saudita, Irán, Venezuela e Indonesia, entre los mayores productores. Cada año, de un 4 a un 5% de la producción de crudo mundial es agotada, y un equivalente debe ser encontrada, desarrollada y llevada a las refinerías para mantener el volumen de producción original. Un 2% adicional debe ser encontrado, desarrollado y puesto a disposición del mercado para cubrir las necesidades de crecimiento global.

Poca gente fuera de la industria del petróleo entiende que se debe encontrar y poner a disposición del mercado de un 6 a un 7% más de petróleo cada año para poder hacer frente a un aumento del 2% en el consumo mundial. Es una tarea enorme; y se está haciendo cada vez más difícil de llevar a cabo, dado que el tamaño de las reservas potenciales de las prospecciones que se están perforando hoy son más pequeñas, y los grandes y prolíficos campos encontrados en el pasado están progresando en sus curvas de declive. Actualmente, cerca del 70% del petróleo que consumimos hoy proviene de campos descubiertos hace 25 años o más.

La mayoría de las cuencas del mundo que pueden tener petróleo ya han sido exploradas, y las posibilidades de que vastas y nuevas reservas hagan su aparición son bajas. Por supuesto, en los años venideros se harán descubrimientos individuales relativamente grandes, pero no en tamaño y en cantidad suficientes para poder pensar que esos descubrimientos puedan llegar las cantidades sustancialmente mayores que se consumen hoy en día. Hoy el mundo consume 30.000 millones de barriles al año, y estamos encontrando menos de un tercio de esa cantidad. Esto está muy lejos de la situación de mediados de los años 60, cuando la tasa de descubrimientos llegó a su cima con la cifra de 45.000 millones de barriles, y estábamos usando menos de 15.000 millones de barriles al año.

¿Quizás una nueva tecnología pueda producir más? Los nuevos equipamientos y métodos nos permiten producir más de los campos existentes, y explotar algunos campos más pequeños a un coste más bajo. De todas maneras, la última década nos trajo las más grandes innovaciones en la tecnología petrolífera nunca vistas, y la tendencia a la baja en el número de barriles descubiertos cada año apenas ha variado. Además, no se conoce que haya dispositivos en desarrollo ahora en los laboratorios de la industria que puedan cambiar dramáticamente esta tendencia básica. La tecnología no parece moverse lo suficientemente rápido para salvarnos.

Los líderes de nuestro país tienen tres opciones principales: ocupar los yacimientos energéticos extranjeros iría en contra de los principios de este país y, como la mayoría de violaciones de principios, no funcionaría. Esta estrategia no nos protegería de la guerra, el terrorismo y el agotamiento de nuestros recursos militares y morales. Seguir como hasta ahora hasta que nos estrellemos parece más una “rendición” que un “ajuste”.

Por eliminación, si no por sabiduría, eventualmente tendremos que realizar un esfuerzo internacional y nacional masivo hacia la conservación. Debería ser lanzado con un mayor desarrollo de la energía nuclear y del carbón, junto con natural gas licuado de importación, gas no convencional (metano procedente de estratos de carbón y también gas atrapado en arenisca de baja permeabilidad), conversiones de gas hacia líquidos, arenas asfálticas y energía eólica. (La energía solar y la biomasa no están aún suficientemente desarrolladas para jugar un papel principal).

Siempre que decidamos confrontar esta realidad, el programa resultante requerirá con toda seguridad muchos años de inversión de enormes cantidades de capital. Esto podría, por lo tanto, anticiparse a otras líneas de inversión en economías que ya se han comprometido a proporcionar los retornos suficientes para satisfacer las promesas que han hecho a sus sociedades en proceso de envejecimiento. Sin disciplina, sin la preparación física y mental y una selección inteligente de prioridades concebidas con el tiempo necesario para que no vacilemos, no pasaremos la prueba que se acerca.

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Charles T. Maxwell es un alto analista de la energía en Weeden & Co, en Greenwich, Conneticut. Ha trabajado en el campo de la energía durante 36 años.