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L`Avui vuelve a tratar el tema del transporte en relación con el cenit del petróleo

  • jueves, 30 septiembre 2004 @ 19:13 CEST
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Artículos El diario catalán L`Avui, vuelve a tratar el tema del final del petróleo barato y de sus consecuencias para el transporte. En esta ocasión el artículo, titulado "Substituir el petroli barat: la prova més difícil (i II) se centra en los efectos sobre el tipo de planificación urbanistica con que están creciendo las ciudades en la actualidad. A continuación os ofrecemos una traducción al español del artículo: Sustituir el petróleo barato: la prueba más difícil (y II)

Pau Noy Serrano

Presidente de la Asociación para la Promoción del Transporte Público

Explicaba en el último artículo por qué tenemos muchas probabilidades de que el precio del petróleo se sitúe de aquí a 7 o 8 años por encima de los 100 dólares el barril. A partir de este precio, la economía tambaleará como cuando lo hizo con las dos primeras grandes crisis del petróleo, en 1973 y en 1979. Mientras que los sectores industrial, doméstico y comercial podrían salir de este callejón sin salida, el del transporte entraría en crisis.

El transporte sólo tendría alternativas razonables en la sobriedad y en un drástico incremento del transporte público. Un petróleo a 100 dólares supondrá una gasolina a 2 o 3 euros el litro. ¿Se puede racionar la gasolina? Parece que no, porque todo racionamiento implica un mercado negro. Vale más que dejamos que el precio fluctúe libremente y desde las administraciones asegurar los servicios básicos.

Sobriedad, por lo tanto, a la hora de hacer desplazamientos y un incremento substancial en el uso de la ecomovilidad. Pensemos que la mitad de los desplazamiento urbanos que se hacen en coche tienen un recorrido inferior a los 2 km. Muchos de estos viajes se podrían hacer a pie, yendo a comprar cerca, o en transporte público. Como siempre, serán las clases populares las que hagan el principal esfuerzo de sobriedad, si bien globalmente hacen ya un uso reducido del coche. Por término medio un vehículo hace en Barcelona 7.000 km al año. Esto podría representar hasta mil euros adicionales de gasolina. Los que tienen un poder adquisitivo alto hacen unos 40.000 km al año. Consideran su vehículo como una prolongación de su casa y sólo lo dejan para ir a dormir. Estos gastarían hasta 9.000 euros al año de gasolina. Mucho más si es un 4x4. Pero quien de verdad lo pasará mal será el medio millón de catalanes que por mejorar su calidad de vida han optado por vivir en las zonas de baja densidad, en viviendas aisladas o adosados, que tanto han proliferado en los últimos veinte años. Es casi imposible que en estas áreas tengan oferta de transporte público si no es porque se solicita.

Haría falta que las administraciones prepararan un formidable despliegue del transporte público para que la ciudadanía pueda mantener su esquema básico de desplazamientos. Será un magnífico momento para el carsharing, para el viaje compartido o carpooling, y para la bicicleta en ámbitos urbanos. También lo será para el transporte público. Pero fuera de Barcelona no hay transporte público. ¿Es posible multiplicarlo por cinco fuera de Barcelona? Sí, si se priorizan los recursos y se dota el transporte público de un instrumento de financiación. No tenemos que pensar en muchas nuevas líneas férreas de pasajeros que tanto gustan a Maragall. Construirlas es muy caro y se tarda muchos años. En caso de emergencia las únicas líneas a construir son las de mercancías, pero financiadas por el sector privado. La solución para incrementar de forma rápida el transporte son los autobuses y tranvías en las ciudades y un servicio de autocar cada media hora a comarcas.