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James Lovelock y el Espejismo Nuclear

Presentamos a un nuevo colaborador, Marcel Coderch, que se estrena con una oportuna crítica a la postura pro nuclear manifestada por James Lovelock en su artículo "La energía nuclear es la única solución ecológica. El artículo de Marcel se titula James Lovelock y el Espejismo Nuclear: De Gaia a Westinghouse, y realiza un análisis sobre la viabilidad de la energía nuclear para sustituir nuestras necesidades energéticas. ·

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James Lovelock y el Espejismo Nuclear | 14 comentarios | Crea una cuenta nueva
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James Lovelock y el Espejismo Nuclear
Escrito por: Protágoras sobre martes, junio 22 2004 @ 07:39 CEST
Por qué la opinión de Lovelock ha causado tal revuelo

La ciencia occidental nació y se desarrolló vigorosamente gracias a la experimentación. Gracias a la ciencia se hizo frente al boqueo del conocimiento que suponían las ideas míticas y religiosas. Sólo se aceptaba como científico lo que se podía observar y someter a prueba.
Esta concepción de ciencia, absolutamente progresista en su momento, era consustancial a una concepción analítica de la realidad. Para poder observar y experimentar con garantías, no quedaba más remedio que parcelar la realidad en “trozos” que fuesen susceptibles de ser tratados en un laboratorio. Se intentaba, en la experimentación, de tener en cuenta sólo a un número pequeño de variables, para no introducir confusión en los resultados y para que los experimentos fuesen manejables.

Naturalmente no todos los ámbitos del conocimiento humano eran igual de susceptibles frente a este tipo de tratamiento, y en concreto algunas partes de la biología, por ejemplo la ecología. La importancia del método analítico es fundamental, y en ecología también, pero ahora está claro que tan importante como los elementos, en ecología son importantes las relaciones entre estos, e incluso el conjunto de todas las relaciones, lo que se conoce como SISTEMA (en ecología el Ecosistema).

En biología hay una importante corriente de científicos que han desarrollado las concepciones sistémicas y que a su vez han enriquecido y ampliado el estrecho marco analítico de la ciencia tradicional, permitiendo recuperar para la ciencia el pensamiento holístico y sistémico.

Dos de los representantes más distinguidos en los últimos tiempos de esta corriente son Lynn Margulis y Lovelock, autores de la “Hipótesis Gaia” (que tiene abundantes evidencias experimentales), y que simplemente viene a decir que la tierra está viva, que es un organismo vivo.

La diferencia de matiz con la afirmación de que la tierra es un planeta que alberga vida, esta en que esta última afirmación ningunea la importante acción que ejercen (y han ejercido) los seres vivos modificando la tierra. En la hipótesis Gaia no se concibe la vida al margen de la tierra y viceversa, no son entes aislados y existe una interrelación sistémica entre ambos, y como en el resto de los sistemas, comparte con ellos determinadas propiedades, la hemostasis por ejemplo.

Por cierto, una de las modificaciones de la vida sobre el planeta fue inundar de oxigeno la atmósfera gracias a la fotosíntesis. El oxígeno, como acertadamente dice Lovelock, es peligroso para la materia orgánica (por eso el petróleo, o el carbón, sólo se forma cuando la materia orgánica se acumula en ausencia de oxigeno).

Sin embargo establecer un paralelismo entre el peligro del oxigeno y el de los isótopos radiactivos está fuera de lugar. Los seres vivos aerobios llevamos adaptándonos al oxígeno desde el precambrico, citando al propio Lovelock “el oxigeno es venenoso, mutagénico y probablemente cancerígeno; por tanto, fija un límite a la duración de la vida. Pero su presencia abre abundantes oportunidades nuevas para los organismos” (Gaia. Una ciencia para curar el planeta. Editorial Integral, pág. 114).
Efectivamente, la principal ventaja que aportó el oxigeno fue y es la de una mayor disponibilidad de energía por parte de los seres vivos gracias al proceso de la respiración (una oxidación a fin de cuentas), mucho más eficiente que la fermentación. Esa mayor disponibilidad de energía parece que fue esencial para la aparición de la célula eucariota (mucho más grande y compleja que la bacteriana) y, por supuesto, de los seres pluricelulares.
Sin embargo, los organismo pluricelulares complejos no se pudieron desarrollar hasta que en la tierra se redujeron las radiaciones ionizantes, y ahora Lovelock propone inundar la superficie terrestre de una fuente de estas, los residuos radiactivos.
Sinceramente, y con todo el respeto que me merecen sus ideas, creo que aquí se ha equivocado, y se trata de una equivocación grave, muy grave, porque no es una opinión de cualquiera, y va a ser utilizada, no para salvar la civilización, sino por los poderosos en su desesperada huida hacia delante.
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La nuclear sí contribuye al efecto invernadero
Escrito por: metztli sobre miércoles, junio 23 2004 @ 11:44 CEST
Quisiera exponer un aspecto olvidado frecuentemente cuando se habla de cambio climático, calentamiento, etc etc.

J. Lovelock centra su discurso en la generación de gases invernadero por parte de las energías fósiles (léase petróleo) y de la \'inocuidad\' de la nuclear en este campo.

Si bien es cierto que el único gas que emiten las centrales nucleares es vapor de agua (principal gas invernadero, pero tan abundante por fuentes naturales que las antropogénicas resultan despreciables), las emisiones atmosféricas no son lo único que afecta al calentamiento global, ni siquiera lo único que se contabiliza en los estudios económicos sobre el tema. Y todas las partes del ciclo de vida de las centrales nucleares, desde antes de empezar a hacerlas funcionar, infligen una presión no despreciable al ambiente en este sentido.

Al igual que la extracción de los minerales (metales de producción, oro, etc) que se lleva a cabo a menudo en países empobrecidos para abastecer el consumo del Norte, la extracción de uranio comporta grandes movimientos de tierra, que es el sustrato de la vida terrestre. Puesto que sin una estructura y estabilidad adecuadas, no puede sustentar biomasa, estas actividades económicas son destructivas de una función esencial de la naturaleza: sumidero de carbono. Y esta capacidad vegetal de absorción de CO2, está también, como ya he comentado, contabilizada en los cálculos eco-económicos (HANPP, \"huella ecológica\", etc.), como \"efecto antropogénico del incremento (potencial) del efecto invernadero\".

Por otro lado, y de forma quizá más anecdótica (en términos cuantitativos), está el vertido de agua caliente a los cursos fluviales. Este fluído es en sí un contaminante, puesto que en incrementar la temperatura, el agua pierde capacidad de solubilizar oxígeno, razón por la cual se pierde biodiversidad acuática. Eso, relacionado con el hecho de que los mayores absorbentes de CO2 son los océanos, nos lleva a entrever otra fuente de pérdida de absorción de gases invernadero.

Así pues, desde un punto de vista amplio (sumando estos dos puntos a lo ya expuesto sobre balances energéticos) parece difícil afirmar que la energía nuclear no contribuye al calentamiento global.

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James Lovelock y el Espejismo Nuclear
Escrito por: poliorcetes sobre jueves, junio 24 2004 @ 05:10 CEST
parto de la base de que reducir el consumo es la única salida de nuestra sociedad.

Sin embargo, el artículo tiene algunos errores de bulto que me gustaría destacar:

1) \"Teniendo en cuenta que se tarda unos 10 años en construir una central nuclear, que se tardaron más de 15 años en construir las 450 centrales actuales, y aún suponiendo que a pesar de que desde los años 70 prácticamente no se han construido nuevas centrales, todavía disponemos de la misma capacidad de construcción que en la década álgida de los 60, tardaríamos 120 años en construir las 3.600 nuevas centrales. Incluso suponiendo que duplicáramos la máxima capacidad que tuvimos, no podríamos terminar la construcción antes de 60 años.\"

1) la relación directa entre número de centrales y tiempo necesario para su fabricacion es una barbaridad. Simplificando, pero sin caer en ese error, tiempo de fabricacion= (cantidad de centrales/recursos invertidos) * (1/factor de correccion debido a la tecnologia). En otras palabras, ni la tecnologia es la misma que cuando dejamos de construir nucleares (fuera de francia...o USA, ojo), ni la situación es la misma, con lo que los recursos que se invertirían serían mucho mayores. Como un plan marshall + proyecto manhattan y a lo bestia to junto. En otras palabras, en vez de 120 años sería factible lograrlo en... ¿5?

Este argumento se puede emplear con el resto del escenario planteado por el autor. En resumen, diría que es de una linealidad completamente sesgada, en tanto que sólo selecciona las posibilidades de desarrollo futuro que se ajusten al modelo. Eg., el futuro del transporte debe ser dividido entre el transporte personal (teletrabajo + incremento transporte público + mejora de locomoción humana - véase cuba) y el transporte logístico/industrial (mejora del ferrocarril industrial). En ese caso, y volviendo a mi primer punto de la necesidad de un descenso de la economía que se materializará de cualquier forma, creo que el modelo propuesto no tiene por qué ser así.

En cuanto a las reservas y al coste total de obtención de energía a partir del uranio, no lo he estudiado ni puedo aplicar argumentos como el anterior, porque son más habas contadas... hay x reservas conocidas de uranio, el coste de obtención es x.

Pero no hay otro colchón conocido de eficacia equivalente al uranio. Creo que Lovelock no plantea una sustitución 1/1, sino más bien un colchón de tiempo que podríamos ganar con una iniciativa a escala planetaria mientras reajustamos nuestro sistema productivo a niveles más aceptables y ponemos en marcha una constelación de métodos alternativos que, bien combinados, eviten lo peor del desastre
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